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domingo, 4 de septiembre de 2022

EZKAURRE. 25-27 DE AGOSTO

 

En octubre del 2018 dejamos en la sima EZ-6 un pequeño pozo con una corriente de aire que resultaba muy alentadora; la corriente de aire que se sentía bajo el pozo de 65 m nos había guiado hasta ese pozo (tras una expuesta trepada y un estrecho meandro), pozo que no pudimos descender en ese momento por falta de cuerda.

Durante todo este tiempo nos había resultado difícil encontrar un momento para volver y continuar con la exploración, a lo que no ha ayudado nada la crisis del Covid-19; finalmente un equipo más reducido de lo que nos hubiese gustado hemos podido volver a Ezkaurre, aprovechando los restos de las vacaciones de verano.

El viernes por fin vamos hasta la EZ-6, que tanto ha estimulado nuestra imaginación durante todo este tiempo. Lo limitado del equipo hace que la carga a portear sea considerable, además queda en el coche bastante material, a la espera de que nuestras expectativas se vean cumplidas. El pozo que nos frenó en 2018  resulta ser de 10 m de desnivel, dando paso a un estrecho meandro que, entre resaltes y pocillos, nos permite bajar 12 m más, hasta un paso impenetrable por el que llega la corriente de aire, dando al traste con las esperanzas que habíamos depositado en esta sima.


Durante un reconocimiento efectuado el jueves habíamos observado una cueva colgada a media pared sobre el cañón excavado por el río Veral, que separa Ezkaurre del Espelunga; la cueva se ubica en el contrafuerte que delimita el flanco norte del anticlinal que da forma a Ezkaurre. El prematuro final de la EZ-6 hace que pensemos en ella.

Recordábamos haber estado enfrente escudriñando con los prismáticos (durante la campaña del 2001) pero no recordábamos haber descendido hasta ella. Aprovechando la escasa cobertura telefónica que encontramos y tras un intercambio de whatsapp, con el pertinente repaso de los archivos, llegamos a la conclusión de que nunca hemos llegado a ella. Ya tenemos plan.

El sábado vamos hasta la pared siguiendo una senda que parte desde un camino que nace en el Puerto Navarra  y que lleva hasta la cumbre de Ezkaurre. El improbable sendero parece haber sido trazado por los escaladores que se aproximan hasta los espolones que miran hacia el Veral.

Una vez localizado el punto de descenso hacemos un primer intento de llegar hasta la cueva, pero tras consumir los 60 m de cuerda que llevamos quedamos colgando a 5 m de la repisa; nos vemos obligados a modificar la instalación, apurando la cuerda, cambiando algún fraccionamiento y aproximando más la cabecera al precipicio. Cuando por fin llegamos a la altura del porche de la cueva vemos que se trata de una pequeña sala sin continuación, en la que se ven los restos de nidos de buitre, puede que de alguno de los ejemplares que nos observan planeando sobre nuestras cabezas.

Tras limpiar el material en el río Belagua vemos que si salimos a la carretera aun podemos llegar a dormir en casa a una hora razonable. A nuestra llegada a Bilbao nos saludan los fuegos artificiales que iluminan el cielo en la última noche de la semana de fiestas.


 

miércoles, 17 de octubre de 2018

12,13 y 14/10/2018 - Macizo de Ezkaurre

Decidimos dedicar este fin de semana largo a revisar unas viejas incógnitas que tenemos en éste karst explorado por nosotros en los años 1988-1989 principalmente, y sobre el que publicamos un artículo en la revista Karaitza nº 3
El jueves a la tarde partimos desde Bilbao: Sara, Aitor, Vid, Iñaki y David, para dormir ya en la zona de Isaba y el viernes a primera hora comenzar la actividad.
La primera cavidad elegida es la EZ-28 situada sobre la cota 1.700 m.s.m, una sima en la que descendimos más de 90 m de desnivel quedando frenados ante una estrechez sopladora. Tras dos horas de ascenso nos presentamos en la boca e instalamos de nuevo la cavidad entera con tornillos msm. En el fondo la cavidad está más húmeda de lo esperado pero el desconcierto llega al no localizar la estrechez sopladora. Decidimos retirarnos desequipando muy a pesar nuestro. En el exterior el día ha estado ventoso y frío lo que seguramente tampoco ayudó a perseguir la corriente de aire.
Tenemos algo de tiempo todavía y nos vamos hasta la EZ-4 para estudiar de nuevo cómo abordar la entrada de éste sumidero plagado de bloques inestables. Lo seguimos evaluando con el mismo grado de dificultad que hace 30 años, pero observamos que algún bloque se ha desplazado con el paso del tiempo cambiando la configuración de la entrada. ¿Terminarán moviéndose los bloques en el sentido de facilitar algún día el acceso?
Nos retiramos con las frontales encendidas pues ya ha anochecido y porteando el material hacia la zona de intersección que mañana nos llevará a la EZ-6, nuestro segundo objetivo de éste fin de semana largo.
El sábado la subida se hace más llevadera, gran parte de material está arriba y la EZ-6 se sitúa sobre la cota 1.500 m.s.m, o sea, que en la aproximación ahorramos un buen trecho respecto al viernes.
Nos cuesta un poco localizar la sima, resulta que la boca está tapada pero el aire que exhala la hace evidente. Metemos un tornillo para retirar a  tracción el bloque principal que la tapona y tras trabajar un rato la cabecera, la entrada queda como la conocimos en su día.
La EZ-6 solo tiene algo más de 60 m de desnivel en dos pozos concatenados. La actualización de su instalación nos lleva menos tiempo que la de la EZ-28. Una vez abajo, persiguiendo la circulación de aire, que aquí si es más marcada, realizamos una fuerte trepada que nos lleva a una estrecha diaclasa no vista en el 88 y por la que llega el aire. Conseguimos ensanchar un poco el paso estrecho que nos esperaba arriba y avanzamos unos pocos metros hasta la cabecera de un pozo de unos 8 m. Tras conseguir ampliar la cabecera hasta hacerla accesible, nos quedamos con las ganas de descenderlo porque no tenemos cuerda.
Desequipamos la sima, pero ésta vez toca salir con la moral alta y las ganas de volver pronto.
El domingo toca recoger y distribuir los bultos y poner rumbo a Bilbao. Llega la lluvia, afortunadamente nosotros hemos disfrutado de dos días secos que nos han permitido cumplir nuestro plan y ya no nos importa tanto. 
Mientras nos alejamos del macizo nuestros ojos recorren una vez más las laderas de la montaña preguntándonos si después de tantos años volveremos a disfrutar de nuevas exploraciones en sus entrañas.