Hacia finales de agosto hicimos una escalada de 50 m en la sala gemela de la «Sala de la Lluvia» —En La Red del río Silencio— que nos dejaba en un escenario imponente, teníamos que avanzar por planos inclinados en pendiente hacia el pozo; un itinerario que se presentaba complicado.
Con esas premisas subimos hasta la sala colgada, Zintzili Gela, bien pertrechados de cuerdas, a continuar con una exploración que, como sospechábamos, nos exige travesías y escaladas. Después de una travesía sobre el talud y una corta escalada podemos ver desde dónde llega el agua; llegar hasta la chimenea por donde lo hace se convierte en nuestro objetivo.
Tenemos dos posibilidades: rodearla por su izquierda, subiendo hasta llegar a la roca caliza y atacar desde allí una escalada que se inicia en extraplomo, o cruzar sobre el abismo por el que se precipita la cascada en una caída de más de 70 m.
En el primer intento encontramos una roca que suena feo al golpe de martillo, parece hueca y se impone atacar por la derecha —para lo que hay que cruzar sobre el pozo—. En el otro lado una rampa formada por materiales detríticos muy deleznables permite llegar hasta la caliza; esta vez la roca suena bien, pero la escalada es extraplomada, lo que exige un tiempo que hace que, tras un primer largo, quede inconclusa.
Nos llama la atención que el agua acceda por el extremo norte de la sala. En teoría este cauce debería ser el producto de una escorrentía que circula sobre el plano que forman los estratos de arenisca, con buzamiento hacia el norte.
En nuestro descenso hacia el camino de salida llevamos la topografía hasta la Galería de la Luna, donde encontramos un punto intacto que nos permite unirla a la poligonal general.
Una vez llegamos hasta el coche toda una colmena de avispas velutinas acude al reclamo de nuestras luces. Cambiarse y recoger los pertrechos medio a oscuras se convierte en una pesadilla. Habrá que parar en otro sitio para poder comer algo.















