
En el mes de junio acometimos un desescombro en el fondo de esta sima (a -50 m de profundidad), a la que teníamos abandonada desde hace ya varios años; en esa última entrada no pudimos concluir la tarea y por eso volvemos ahora. El eco nos sugiere que tras la zona estrecha nos aguarda una continuación más amplia.
Después de cambiar de sitio algunas piedras y de descender un pequeño destrepe, accedemos a la cabecera de un pozo de algo más de 10 m, pero no tenemos cuerda suficiente ni anclajes, así que no nos queda otra que dejar el descenso para otro día.
Lo que vemos nos ratifica en la idea de que la sima actúa como recolectora de pequeños regueros que van sumando sus exiguos caudales; en el nuevo pozo podemos observar como las paredes están regadas por un intenso goteo. Considerando que nos encontramos en una temporada seca, entre dos olas consecutivas de calor, no deja de sorprendernos la aportación hídrica del epikarst; parece que tendremos que seguir aprovechando los momentos secos para continuar la exploración.
Aunque durante la subida hasta la sima hemos estado rodeados de la niebla, la meteorología cambia según avanza la mañana, dando paso a un día caluroso. El suelo seco en las zonas donde la frenética actividad de los jabalíes ha despejado el pasto, pone evidencia la prevalencia de los días cálidos y secos en estos comienzos de verano; además es impresionante ver como el hayedo se protege del calor desprendiéndose prematuramente de sus hojas, para evitar así una evaporación excesiva.

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